Testimonios de Pacientes FEPSO
LA TRISTE HISTORIA DE UNA ENFERMEDAD LLAMADA PSORIASIS
"Recuerdo que cuando era muy pequeñito llevaba una vida normal y tranquila, era el niño mas feliz, el hijo mas dichoso, nunca pensé que el abandono de mi padre me afectaría tanto y poco tiempo después me brotó llagas con escamas en la piel, me picaba desesperadamente, sangraba mucho cada vez que me rascaba, mi madre no sabía que hacer conmigo hasta que un cierto día una amiga recomendó a mi madre que me llevara al Hospital Gonzalo González, fue allí donde el doctor le dio la peor noticia de su vida a mi madre, ella lloraba y lloraba sin consuelo, decía ¡señor, señor, porque a mi hijo¡ si es apenas un niño indefenso. ¡Señor dame valor y la fortaleza para luchar y salir de esto¡, ya que en un “lugar”, dispensario una doctora le dijo a mi mami que hierva mi ropa ya que tengo una enfermedad contagiosa, me sentí muy mal y me pregunté ¿será verdad? ¿cómo me sentiré cuando sea mas grande? ¿me rechazará la gente? Y no me equivoqué, yo vivo la dura realidad del rechazo, el no poder disfrutar de tantas cosas bonitas porque me afecta la piel y como mi madre no cuenta con el dinero necesario para mis medicamentos, pero la fe en Dios no la pierde, hoy mas que nunca no me daré por vencido, ya que existe una fundación amiga con gente que tiene el mismo problema que el mío, compuesta por profesionales que luchan junto a nosotros, que Dios los bendiga.
¡Esta es mi triste historia¡ Mil gracias FEPSO"
El que te ayuda a recargar tu fuerza, tu autoestima ese es tu amigo. Que ahí donde reina la alegría no te invada la tristeza.
B.V 9 años
A TODAS AQUELLAS PERSONAS QUE SUFREN, HAN SUFRIDO O SUFRIRAN "PSORIASIS"
Pocas veces en la vida sentimos que el camino se nos hace corto, cuando realmente vemos que no hay mas alternativa que cerrar los ojos y esperar la tarea de levantarse conteniendo el llanto, volver a encontrar interesante la vida exigen variedad de esfuerzo y sacrificios que solamente se pueden superar si uno mismo así lo desea. Tenía 16 años cuando todo empezó; empezaba a descubrir los secretos de la vida, la época cuando se comparte con un niño la posibilidad de llegar a ser adulto.
Comenzó la rutina, médicos, medicinas, cremas, que no hacían ningún efecto, mientras la piel de todo mi cuerpo se convertía en un horrible disfraz. Naturistas que me recetaban tratamientos fuera de toda lógica, y así situaciones extremas que serían muy largas de contar.
Un día llegué donde un médico general el cual por fin dio con el diagnóstico “Psoriasis”, lo peor de esto fue cuando me dijo que era incurable, jamás había esperado enfrentarme a una palabra como ésta “crónica”, llanto, dolor, desesperación y el sentir que la vida se evaporaba de mis manos a medida que una angustia invadía, era difícil aceptarlo sin embargo no me quedaba otro remedio. Ahora yo era la dueña de ella. Yo la administraba y solamente yo podía decidir el futuro de mi nueva compañera de vida. Luego de 7 años de tratamientos frustrados llegué al DERMATOLÓGICO “Gonzalo González”, una biopsia lo confirmó y vinieron drogas, cremas, tratamientos, el verme en esa circunstancia me deprimía, mi cuerpo, mi cara, mi figura en general, reflejaban dolor, fui cambiada de médico, pero tenía que poner todo de mi parte y así fue deposité toda mi confianza en él, el nuevo tto que me recetó era una medicina que difícilmente podría pronunciar “metrotexate”, droga que ataca las células de rápido crecimiento, a los pocos minutos de ingerirla, sentía que dentro de mi cuerpo había una lucha interna, me envolvía en una atmósfera de confusión a la cual yo llamaría irreal, me mortificaba mucho aún en la víspera de recibirla, me enfermaba psicológicamente antes de tomarla, días fatales, sufriendo internamente, dándome consejos, hablando con mi inconsciente, próxima a gritarle al mundo no deseo más tortura, suficiente, soy humana aguanto pero no tanto, pasó el tiempo y la Psoriasis ganaba terreno, al punto que tuve que hospitalizarme en el Dermatológico, el estar ahí fue un reto muy doloroso.
La soledad, el estar lejos de mis seres queridos, el ver y palpar en carne propia el dolor y el sufrimiento de mis compañeros pacientes cada uno con su caso, me hizo reflexionar, tenía que curarme, fue entonces cuando empecé a luchar por mi vida, comprendí que ese era el lugar que Dios me había dado para demostrar mi fortaleza, entendí que la mente es clave en el estado de salud del cuerpo que ni uno está preparado psicológicamente la reacción ante cualquier enfermedad van a ser menos drásticas y mas tolerables.
Aprendí a tener voluntad, capacidad de resistencia y capacidad de aceptación, todo esto mas el amor de mi familia me hicieron apreciar lo bella que es la vida aunque se esté luchando contra una enfermedad.
A.A. 28 años